A ver, txikitxu...

Voy a hacer justo lo contrario de lo que hace todo el mundo en un “Sobre mí”.

Normalmente aquí es donde te contarías lo muchísimo que has estudiado, el equipo tan maravilloso que tienes (cuando está ordenado - obvio) y lo muchísimo que amas la música. Solo falta poner tu grupo sanguíneo.

Yo, yo, yo.

Luego nos extrañamos de que no vendemos. En fin.

La regla número uno del marketing (de nada) es esta:

A tu cliente no le importas una mierda. Le das absolutamente igual y no quiere saber nada de ti. Lo único que quiere (y atento a esto...) es que le hables a él.

A sus problemas.

A sus miedos.

A sus aspiraciones.

Te metes en las webs de otros estudios y ves cosas como “calidad profesional a precio asequible”, “trato cercano”, “graba como en casa”, “llevamos tu sonido al siguiente nivel”…

Pero a ver!!!!!!

¿Qué coño significa eso?

En serio, ¿qué significa?

Nada. Es como si todos copiaran el mismo texto y cambiaran el logo. Porque claro, nadie va a poner “grabamos normalito” o “en realidad somos un poco secos y lo que hacemos tampoco es para tanto”. Entonces todos dicen lo mismo. Y si todos dicen lo mismo, nadie destaca. Y si no destacas no le das a tu cliente razones poderosas para elegirte. Y entonces (oh, chorprecha), no te elige.

Creo que me estoy explicando, ¿no?

¿No me crees?

Sujétame el Kalimotxo.

Uno de los primeros meses en los que abrí mi estudio de grabación (con el que apenas ganaba nada) se me quedó grabada una conversación.

El típico artista buen rollero que dice "bua me flipa lo que haces, ¿cuánto por tema?" Buen rollo hasta que le dices cuánto por tema.

“Ufff ya.... si seguro que lo vale eh, pero es que hay otro que me lo hace más barato”.

Y yo por dentro pensando: ya cabrón… pero ese otro te graba en su habitación con un micro de 50 pavos y te mezcla como si estuviera sordo. No me entraba en la cabeza. De verdad que no me entraba. ¿Cómo coño podía ser que no viera la diferencia tan obvia?

Y entonces me armaba de paciencia y se lo explicaba todo. El proceso, el sonido, el resultado, el por qué tenía que ir a un sitio de calidad. Y aun así, me dice: “ya… ya sé que va a sonar peor… pero no me importa”.

WHAT?

¿Perdón?

Pero es que no fue uno. Es que fueron literalmente decenas de estos.

Y empecé a rumiar una idea: ¿para qué coño me estoy matando en un trabajo por cuenta ajena, ganando una mierda para invertirlo todo en el estudio y en formación?

¿Para qué mejorar?


¿Para qué invertir?


¿Para qué formarme?

Si los artistas no lo valoran...

Y aquí viene lo peligroso. Porque empiezas a pensar que el problema está fuera.

Que el mercado está fatal.

Que los artistas no valoran nada.

Que está todo saturado.

MENTIRA.

Ojo, que sé que eso es lo fácil, que ya he pasado por ello. Es lo cómodo, sí, lo que te permite no cambiar nada.

Pero si ya hay estudios funcionando de puta madre, la realidad era otra... Era yo quien no tenía ni puta idea de cómo funcionaba esto.

Y lo pagué.

Con 6 años de frustración,
de ingresos inestables.
de clientes mediocres


Con dudas constantes sobre si era lo suficientemente bueno, si esto tenía sentido o si en algún momento de mi vida iba a ser capaz de vivir (ni que fuera malvivir) de esto.

Hasta que pasó algo que cambió por completo mis esquemas.

No te lo voy a contar aquí.

Vas a tener que seguir leyendo para descubrir lo que pasó después porque te interesa.

Pasé de cobrar una mierda, aceptar cualquier cliente y no saber cuánto iba a ganar el mes siguiente… a facturar más de 100.000€ en un solo año.

Dejé de trabajar con clientes mediocres para trabajar con musicazos, cobrando lo que merecía.

Y no fui el único.

Productores que estaban igual que tú ahora, que son buenos. Joder, es que son mucho mejores de lo que yo iba a ser nunca y estaban en la misma situación que yo.

Atrapados sin saber cómo vivir de esto, sin clientes estables, cobrando poco. Dudando de si esto era para ellos...

Ahora están cobrando 700€, 1.000€ o más por canción, cerrando proyectos por 3.000, 5.000, 7.000 euros por cliente.

Tienen lista de espera, viven solo de su estudio y pueden darse el gustazo de decir "no" a artistas que no les gustan.

¿Cómo hemos logrado esto?


¿Cómo hemos pasado de querer dejarlo todo a tener el negocio de nuestros sueños?

Cambiando una pieza.

Una pieza tan ridícula pero en la que me juego lo que quieras a que jamás has pensado.

Esa pieza que debes cambiar te permite multiplicar tarifas, captar clientes que valoran mucho más la experiencia por encima del precio y aun así, tener lista de espera.

Y eso es justo lo que te explico en esta clase de 32 minutos exactos.

Muchos no la apreciarán por ser gratuita. Ellos se lo pierden.

Email: [email protected]

Oceano Pacífico 2, Vitoria-Gasteiz, 01015 (Alava) - España